miércoles, 20 de noviembre de 2013

La historia del mago

 La chica lo tomó de sus cabellos y lo besó como hace mucho tiempo tenía ganas de hacerlo.
-Por si no vuelvo –le dijo y luego se sumergió en las profundas aguas, su estática realidad. Salió jadeante pero completamente seca, tal como la primera vez, solo que esta vez ya no llevaba aquella cadenita de toda su vida y en su lugar llevaba un anillo ancestral, que le garantizaba su regreso, o al menos eso había dicho él.
El joven quedó desconcertado, no se esperaba aquel beso pero realmente lo deseaba, pero sus palabras ahora le resonaban, era la primera vez que dudaba de su magia, ella lo hacía dudar, en su mente se proyectaron los minutos antes de la partida de la chica.

-Esto es para asegurarnos que la puerta del lago siga abierta para ti –le dice poniendo en su dedo un antiguo anillo.
-¿Este es tu anillo? –le pregunta ella un poco extrañada.
-Sí, es una reliquia muy poderosa.
-No puedo aceptarlo, tiene tu magia, es quien te da poder.
-No es quien me da la magia, mi magia está aquí, –dice tocando suavemente su pecho- y al igual que la magia de cada persona, -dijo tocando esta vez el de ella. –Pero este anillo contiene una gran concentración de magia, de mi magia, con la cual podrás volver, pero ahora, necesito que me des algo tuyo, algo muy personal y valioso.
-¿Cómo lo es este anillo para ti?
-Sí. –le responde suavemente.
La chica se quedó pensando unos segundos y luego llevó sus manos a su cuello y miró fijamente los ojos de él. Se la quitó sin dejar de mirarlo y luego la puso en su mano.
-Nos volveremos a ver –la tomó de sus hombros y la llevó a él rodeándola con sus brazos y apretándola mientras dejaba caer algunas lágrimas en su cabeza. Limpió sus ojos y luego la separó de sí.
-Pensé que nos volveríamos a ver. –Le dijo la chica sin poder evitar su voz quebrada y las lágrimas que se escapaban.
-Y así va a ser. –Le prometió. –Ahora es momento que regreses.
-Espera, dijiste que con tu anillo y mi cadena volvería, pero, si tu anillo esta en mi mundo y mi cadena en el tuyo ¿no garantizaría eso que las puertas estarán abiertas para ti?
-Tal vez tienes razón.
Ella sonrió.


El joven miraba la cadena que permanecía en su palma con dos pequeñas letras grabadas, HA, y por última vez en un tiempo, con un poco de magia, la hizo desaparecer, asegurándose de que la puerta del lago permaneciera cerrada para él, y que ella no volviese, al menos hasta que se enterase de que también era una maga, tal vez con el anillo lo lograría, mientras tanto dejaría la magia y con ella correr sus lágrimas hacia el falso mundo de la chica.

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