-Porque es un viaje muy largo.
-¿Y qué pasa?
-Deben ir volando.
-¿Y papá volará?
-Sí.
-¿Si aprendo a volar puedo ir?
-Sí mi pequeña –le contesta la madre amorosa.
-Mamá –continuo la pequeña -¿Cómo se aprende a volar?
-Con muchos libros amor.
-¿Nada más?
-Años y años de práctica –la pequeña aún continuaba
mirándola atentamente –y un maestro es bueno para todos.
-Papá –le dice la pequeña en cuanto lo ve llegar -¿Qué
es lo más importante para aprender a volar?
El hombre puso una rodilla en un piso para quedar a su
altura y quitándose su gorro para ponerlo en aquella cabecita le dice:
-Esto mi pequeña, ahora puedes volar.
La pequeña tomo un oso y al igual que ella le puso un
gorro, y después de ello lo coloca detrás de una mesita, apila un montón de
libros, se sube en ellos y con los brazos extendidos se tira de allí.
Pasaron años, 18 para ser exactos, y en la pista de
despegue se veía mucha gente, el magnífico aeroplano, un montón de libros apilados
a su lado, y un gorro de piloto subiendo de el, y allí escondido entre la gran
maquina un oso de peluche estaba listo.
-¡Éxitos, Madeleine!

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